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miércoles, 15 de julio de 2015


Un minuto de tu Tiempo

Reencuentro con mis profesores


Ya eran la Una y media de la tarde y el partido estaba programado para las 
Dos, así que, aceleré el paso para llegar a la hora que con tanta insistencia yo había recalcado, - Dos de la tarde, por favor, ¡Dos de la tarde¡ - Y yo debería dar el ejemplo, si soy el que exijo. Mis pasos se agrandaban más, haciendo que el camino se hiciera más corto. Al cruzar 

una reja de gruesos fierros que cerraban la calle Cahuide, mis recuerdos no se hicieron esperar. Esta calle que en antaño era un arenal y no tenía las veredas ni el asfalto de ahora, fue un lugar de grandes acontecimientos, casi igual a los que se tuvieron en el aula. Ahí se cumplían los pactos de sangre o los compromisos de caballeros, como el "chócate pa´ la salida" o el “te espero a la salida”, donde los retadores buscaban a su padrino, que por lo general eran los más grandes del aula y el de “figthting” más recorrido. Ellos, los padrinos, se encargaban de que nadie se meta, y los que lo hacían eran reducidos inmediatamente, mientras los retadores se agarraban a golpe limpio. El primero que caía ante un golpe certero del rival, inmediatamente era levantado por su padrino, que le exigía a su apadrinado, aceptar su derrota estrechándole la mano a su vencedor, y todo terminaba ahí. Eran las broncas de uno contra uno y nadie se metía. Mientras caminaba, la avalancha de recuerdos se paseaban por mi mente tratando de que los tenga presentes. Y cómo no recordar el grito de “rico rico”, deliciosas bombitas de harina dorada al aceite, con relleno de manjar blanco, quizás el origen de los futuros “churros”. Y de la acaramelada “melcocha”, quién no ha perdido un diente de leche, con ese deliciosa golosina de azúcar con el ingrediente lácteo, que se compraba a la hora de salida. Y del “sanguito”, que lo comprabas solamente para poner aprueba tu suerte con los acertijos. por que el vendedor se colocaba una moneda en una de sus manos y te decía – Si adivinas te doy otra porción más – Era quizás el inicio de las estrategias de marquetin que ahora utilizan las grandes empresas, donde astutamente el expendedor lograba captar a sus inocentes clientes para que compren, en aquel tiempo, el “sanguito”. Yo adiviné la primera vez cuando estaba en segundo grado de primaria, y de ahí, nunca más, ni cuando llegué a quinto de secundaria. Esta calle Cahuide tiene su historia, que siempre será recordada por todos los que pasamos por las aulas del colegio 7057, que después se le puso Orden Soberana y Militar de Malta y ahora modificada a Soberana Orden y Militar de Malta. Al llegar a la puerta de entrada, encontré al esposo de mi gran amiga Regina Cruz Paredes, siempre muy atento y dispuesto a colaborar en la organización de este campeonato de promociones maltinas. El colegio estaba totalmente lleno de exalumnos que se habían dado cita a este reencuentro de promociones. Al preguntarle si habían llegado los compañeros de mi promoción, una de las más antiguas de esta institución, él me dijo - No los he visto pasar. Creo que tu eres el único - . Pero mientras me hablaba, el inmenso portón de metal que se abría de par en par, traía nuevamente a mi memoria los recuerdos de mi etapa escolar, y con ella la imagen de una señora de cabello cano, que se ganó el cariño y el respeto de todos los alumnos. Ella se encargaba de poner en línea a base de “chicotazo” limpio, a todos los tardones y en especial a los que arrojaban basura al piso, por que era ella la que se encargaba de hacer la limpieza de todo el colegio. Me estoy refiriendo a la Señora Raymunda, ¿quién no ha recibido un chicotazo de ella?. Mientras avanzaba por aquella loza de cemento que se estrellaba a lo lejos en una pared que aún dejaba ver los ladrillos de antaño, yo trataba de llamar a mis amigos de promoción para exigirles su asistencia, faltaban escasos quince minutos para las Dos de la tarde y lo pactado “de llegar puntual” estaba por no cumplirse. Pero mientras caminaba, nuevamente un vendaval de recuerdos invadieron mi mente, haciéndome retroceder treinta cuatro años atrás, cuando estaba en cuarto de secundaria. A mi izquierda, donde ahora hay aulas, jardines y una loza deportiva, era un arenal donde se formaban los tardones a esperar que el director Juan Váquez Plácido, decida sobre su castigo, pudiendo ser entre el palmetazo o el castigo de arrodillarse sobre las chapas, éste último era para los reincidentes. Ese arenal cambiaba en hora de recreo, pasaba de ser un campo de tortura a un campo de deporte. Ahí se jugaba los más encarnizados partidos de futbol, donde se dejaba todo, desde sudor, lágrimas y “piconerías”, pasando por pantalones rotos, que se descocían al forzar una jugada y zapatos que quedaban con la suela expuesta como una lengua, que tratábamos de solucionarlo amarrándola con una bolsita de marciano, sin importarnos las miradas ni el castigo en casa, total, nos dimos el gusto de jugar. Este lugar estaba cercado con ladrillos “parva”, que dejaban ver los huecos que hacían los que se “tiraban la pera”, orificios que también servían para que ingresen los que sabiendo que el “chicote” de la Señora Raymunda, los esperaba en el portón, deseoso de castigar un trasero tardón, evitaban ese castigo. A la derecha, un inmenso patio de cemento, desgastado y erosionado por las lluvias de invierno, y rajado por el intenso sol de verano. Este era el lugar que reunía a todos en una formación de alumnos, casi militar. Al frente y subido en una plataforma de cemento, nuestro Brigadier General, conocido por todos como el “General Chero”, Él, levantando su bastón blanco indicaba a todas las secciones ya formadas, "el cubran,el firmes, el descanso y "el" atención", esto lo repetía cinco veces a más, que todos ejecutábamos con una precisión militar. El sonido que producíamos al golpear nuestros muslos con las palmas de nuestras manos y el uniforme sonido al ejecutar el "descanso", era asombroso. Claro, siempre había unos cuantos que no les causaba mucha gracias hacer ésto, y lo hacían con desgano y en muchos casos no lo hacían. Pero estaban a la expectativa de que no los pillara en esa negativa, el profesor Francisco Alfaro, sabían que éste aplicaría el castigo que muchas veces se asemejaba a las torturas de la santa inquisición. Mis recuerdos fueron ahuyentados por el sonar de mi celular que me indicaba que mi compañero de promoción Panchito, me estaba llamando. - Ya estamos acá ¿y tú dónde estás? – Eso indicaba que el tardón iba a ser yo. Hoy jugaríamos un partido de fulbito con nuestros profesores, nos volveríamos a reencontrar después de muchos años, Ya habían transcurrido treinta tres años desde la última vez que nos despedimos en la fiesta de promoción. Los volveríamos a ver y recordar con cariño y no con resentimiento, aquellos años maravillosos, inolvidables para todo ser humano, como es la etapa escolar. Continuará.


miércoles, 24 de junio de 2015


CELEBRANDO NUESTRO 51°  ANIVERSARIO


Con entusiasmo y creatividad alumnos maltinos rinden homenaje a la Institución Educativa por sus 51 aniversario.

Con una serie de actividades programadas bajo la dirección de la Comisión de aniversario, La asociación de ex alumnos maltinos y el equipo directivo.
 Entre las actividades programadas tenemos: La Verbena por los 51 aniversario ,el II  campeonato de fútbol y Voley Organizado por la asociación de ex alumnos maltinos, El paseo de antorchas,olimpiadas deportivas,El III MALTAMATIC-concurso nacional de matemática  con auspicio de la academia Trilce.
El día de la ceremonia central es el 26 de junio.


    







viernes, 29 de mayo de 2015


La Institución Educativa Soberana Orden Militar de Malta como ente de formación integral de los estudiantes ha programado una serie de actividades  como deportivas,concursos de dibujo y pintura, concurso de conocimientos.
   Nuestros estudiantes  con el desarrollo de estas actividades lograran desarrollar  habilidades y actitudes. Son competencias que toda persona necesita para su desarrollo y satisfacción personal, integración y empleo. Deben estar desarrolladas al finalizar la escolarización obligatoria.

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